Internet en general y las redes sociales en particular, tienen
un papel protagonista en nuestro día a día, y es una cuestión que requiere de
un marco legal claro y sólido para poner límite a la difusión de los datos
personales que exponemos en la red.
“Las nuevas tecnologías nos facilitan mucho la vida, pero
nos exponen por la gran cantidad de datos que ofrecemos sin pensarlo a las
grandes compañías. De hecho, multinacionales como Google o Amazon cada día dan
más valor al hecho de poseer enormes bases de datos con información sobre sus
clientes más que al hecho de vender producto”
Los derechos de imagen, honor y a la intimidad están
blindados por la ley, como son;
La protección al uso de la imagen es muy restrictiva, por lo
que realizar un envío, reproducción o publicación de contenido audiovisual de
un tercero sin su consentimiento podría ser objeto de demanda y un acto
constitutivo de una infracción. También lo sería la publicación de fotografías
íntimas que pudieran afectar al honor o a la intimidad de una persona, por lo
que si se quisieran eliminar de la red debería realizarse la correspondiente
reclamación.
Otro de nuestros derechos, es el derecho al olvido, que actúa
especialmente sobre los buscadores con el objetivo de no aparecer en los
mismos, ya sea por criterios de obsolescencia del material o porque no tenga
relevancia pública o mediática. También
existe el Derecho a la Protección de Datos el cual impide la difusión de datos
que puedan dar información de una persona a través de los cuales se le pueda
identificar o se puedan extraer aspectos de su personalidad. Y, por último, la
Propiedad Intelectual que engloba tanto a los derechos de autor como a los de
la protección de marcas, u obras. Este derecho permite a su autor o al titular
proteger cualquier uso de las mismas sin su consentimiento. Así pues, tanto usuarios
particulares como compañías pueden proteger ciertos contenidos en la red a
través del ejercicio de estos de derechos.
A pesar de todos los derechos que tenemos las personas, me
llama la atención que siendo la privacidad un derecho humano, cientos de
millones de seres humanos estén dispuestos a renunciar a ella a cambio de
interacción social. En las redes sociales, los usuarios publican diariamente
cantidades enormes de información privada: dónde están, qué están haciendo, quién
es su pareja, cuáles son sus problemas, etc.
Lo que la mayoría de la gente no sabe es que los buscadores
(browsers) son sumamente útiles, si al hacer una búsqueda el usuario se
encuentra conectado a un servicio de la misma empresa del browser, entonces al
hacer una búsqueda saben quién la hizo, además de los datos personales y
demográficos que se dieron de buena fe cuando se inscribieron al servicio.
Por ejemplo, un caso personal decide ir de viaje a una
ciudad a ver a mi pareja, para lo cual hago búsquedas de transporte,
atracciones turísticas, etc., y el mismo día me llegan al correo electrónico
ofertas de la ciudad destino sin haberlas solicitado.
En este, como en muchos otros casos, si el usuario
entendiera que él está facilitando la información para recibir ofertas
comerciales relevantes, es posible que estuviera en total acuerdo de facilitar
dicha información, pero la mayoría de los usuarios se sorprenden al recibir
dichas ofertas, y algunos hasta lo catalogan como coincidencia.
Desafortunadamente, nadie parece tener el tiempo, o la
paciencia, para leer los términos y condiciones de los servicios que se ofrecen
en Internet. Yo no creo que la privacidad sea un derecho humano por accidente
histórico, creo importante que podamos mantener un mínimo de privacidad e
intimidad.
La privacidad, definida como la “parte más interior o
profunda de la vida de una persona, que comprende sus sentimientos, vida
familiar o relaciones de amistad”, no existe en Internet. Y no existe no porque
no pueda existir, sino porque nosotros mismos hemos querido que no exista. En
el momento en que un producto es gratis, el producto eres tú. No tú como tal,
sino tu perfil. La publicidad online es el negocio del siglo XXI, y para que
esta funcione se debe tener acceso a una ingente cantidad de datos que nosotros,
los usuarios, cedemos a las empresas de forma completamente gratuita a cambio
de nada, a cambio de que nos dejen subir nuestras fotos a su plataforma para
compartirlas con nuestros amigos y, con mala suerte, con el resto del mundo.